El libro del Dr. Noval: Tu Pene. La guía definitiva de la Sexualidad
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    TU PENE El Libro del Dr Noval.

    El Libro del Dr Noval.





    Gracias por tu confianza. Te dejo un extracto del inicio de mi libro: Tu Pene que se publicará en Febrero. Espero que te guste.

    ¿Sabes controlar tu erección? ¿Sabes retrasar tu orgasmo? ¿Consigues que tu pene aguante en máxima potencia? ¿Conoces alimentos viagra? ¿Eres capaz de elegir cuándo eyacular? 

    ¿Dónde aprendiste sobre sexo? ¿De quién aprendiste? ¿Cómo aprendiste? 

    Soy César M. Noval Font, Cirujano Plástico y Estético, Premio Extraordinario de Licenciatura en Medicina y uno de los pioneros en cirugía de cambio de Sexo y de Alargamiento y Engrosamiento de Pene.

    ¿Por qué este Libro?

    Por necesidad. Porque nadie habla de ello, porque me habría encantado tener este libro en las manos cuando descubrí mi yo sexual, porque el sexo es una parte esencial de la vida de cualquier persona, porque nadie enseña a un hombre a sacar partido de su pene, porque en la vida el conocimiento es el camino del éxito. 

    En este libro aprenderemos técnicas, formas de potenciar nuestra erección, de controlar la eyaculación, de dominar nuestra mente durante el sexo. Aprenderemos a conocernos, a no tener miedo de nosotros mismos, a respetaros, a disfrutar del sexo, y a sacar el máximo partido a nuestro pene.

    A continuación descubre un capítulo muy interesante: La Mente.

    La mente, nuestro verdadero órgano sexual. Capaz  de darle la vida a nuestro pene, pero también de quitársela. 

    Debemos entender que nuestra mente controla nuestro pene, modula las erecciones, rige la eyaculación, es capaz de hacernos sentir más placer del real, o menos. Si controlamos nuestra mente, controlaremos nuestro pene.

    La sociedad siempre habla del pene como algo independiente, algo sencillo, con una función resorte, una palanca que al accionarla produce una erección. La realidad es mucho más compleja. Todos los hombres querríamos tener un pene que no estuviera modulado por el cerebro, que fuera tan simple como estimularlo para conseguir una erección. 

    Por desgracia la realidad es más compleja. Nuestros pensamientos, nuestras emociones, nuestros miedos, todos se funden en el control de nuestro pene. Lo potencian y le dan vigor cuando estamos felices, cuando estamos eufóricos y cuando nos sentimos plenos a nivel personal. El problema es que cuando nuestra vida encuentra un bache, una piedra o un cráter, el primero en verse afectado es nuestro pene. 

    Socialmente está aceptado que si tenemos un mal momento personal o emocional se nos caiga el pelo, las uñas se hagan quebradizas, que las cejas se arqueen, y que las comisuras se hundan. Esa descripción novelesca, que puede encajar con un personaje deprimido, nunca incluye que su pene no funcionaba. La sociedad obvia los problemas que la mente genera en el pene, los oculta o los esconde en un cajón. Nadie habla de ellos, hasta el punto de que parece que no existen. Esto genera dos problemas: uno grave, no se buscan soluciones; y uno más grave, las personas que lo sufren se sienten mal consigo mismas, una rara avis con un problema que nadie tiene, solo ellos. Eso les deprime, les angustia. El círculo de autodestrucción sexual comienza. 

    Probemos un ejercicio. Pensad en primer lugar un hombre gordito, en pijama, bebiendo coca cola con azúcar en un butacón frente a una pantalla de ordenador. Ahora cambiamos el paradigma, visualizamos un hombre apuesto, atractivo, vestido con traje y corbata de seda. Sonríe y levanta su maletín de piel frente a su preciosa secretaria. 

    Los dos tienen estrés, los dos sufren ansiedad. El primero por la enfermedad de su madre, el segundo porque acaban de citarle a declarar en un juicio. Esa noche ambos conciertan una cita, ambos acaban manteniendo una relación sexual. Ambos acaban perdiendo la concentración, el primero piensa en su madre en el hospital, el segundo en la cara del juez preguntándole si es culpable. Sin saber cómo, ambos acaban con su pene flácido, no han notado que eso pasaba, no tenían una erección consciente. Ambos, intentando recuperar la erección aumentan el ritmo, el pene no vuelve a erectarse. Aumentan más el ritmo y acaban por eyacular precozmente con el pene flácido. Ambos se visten a toda prisa, ambos salen corriendo de sendas habitaciones y ambos se encierran en un ascensor destino a la vergüenza.

    Al día siguiente ambos tienen una nueva opción sexual. Ambos cancelan la cita, sienten ansiedad ante la posibilidad de un encuentro sexual, tienen miedo de que les vuelva a pasar. Se miran en el espejo, se odian, se perciben mediocres. El círculo comienza, evitan el sexo, evitan la masturbación. Intentan recuperar el control, a solas, a escondidas. Cuando tocan su pene recuerdan el episodio, se masturban rápido, buscan eyacular y salir de allí. Cuando lo hacen se siente mal, insuficientes, miran a su alrededor, sólo ellos tienen ese problema, sus amigos no hablan de ello, sus conocidos nunca sacan el tema, se siente solo, se esconde, evita de nuevo el sexo, busca ayuda, pero siente vergüenza. Sus problemas personales han pasado, la madre del primero se ha curado, el segundo ha ganado el juicio. Da igual, sigue teniendo miedo de su pene, no sabe cómo reaccionaría si se enfrenta a una pareja  desnudo. 

    ¿Cómo salir? ¿Cómo romper el maleficio? ¿Cómo hacer que ese círculo sea una recta? La respuesta: controlando tu mente. Tan sencillo y tan complejo. 

    Entonces la pregunta es: ¿cómo controlamos la mente?: entendiéndola 

    Nuestro cerebro se divide en diferentes áreas, conscientes inconscientes, reflejas aprendidas. Vamos a centrarnos en lo que nos interesa de veras. 

    Todos sabemos que en el cerebro hay neuronas, ellas se comunican mediante neurotransmisores, que son bolitas que generan estímulos. Cuando una persona está feliz, el cerebro está contento, así que segrega dopamina, uno de esos emisarios de información, que activa y estimula a las neuronas de alrededor. En cambio, cuando alguien está deprimido, sus niveles de dopamina bajan, haciendo que mandar un señal estimulante sea más difícil, las neuronas están menos receptivas. Desde luego, la bioquímica  y fisiología cerebrales son mucho más complejas que el equilibrio de la dopamina, pero con lo que debemos quedarnos es con el concepto de que en estados de estrés, ansiedad, miedo, depresión, etc. Es más complejo estimular a nuestras neuronas. 

    ¿Qué ocurre entonces cuando una persona está deprimida? ¿Cómo afecta eso a su pene? Cuando hemos explicado el funcionamiento del pene, siempre hemos hablado de la importancia de las fases. El cerebro, la mente, es el primer encargado de generar deseo, de indicar al pene que debe ser receptivo a los estímulos. Por eso las erecciones que comienzan por la mente son más potentes que las que se inician con la estimulación directa. Si la persona está deprimida, el nivel de activación de sus neuronas baja, aunque trate de crear deseo, éste no se viraliza, porque no hay suficientes neurotransmisores disponibles como para activar a todas las neuronas de su alrededor. Por tanto, es más difícil conseguir erecciones potentes y duraderas, ya que sólo contaremos con el arco reflejo del estímulo directo. 

    El problema es el círculo vicioso, salir de él. Al comprobar que la erección no es todo lo potente que deseamos, tenemos más ansiedad, más estrés, más depresión. Con ello menos dopamina, menos serotonina… 

    ¿Cómo arreglarlo? Lo primero que debemos trabajar es el problema de base, el que genera esa ansiedad primaria, esa depresión. No debemos olvidar que hay veces que el problema de base es el propio sexo, la inseguridad que genera encarar una relación sexual, especialmente en sociedades o familias conservadoras en las que el sexo se estigmatiza o desvirtúa.

    En cuanto a la forma de abordarlo, siempre abogamos por terapias donde hablar sea el eje central. Los fármacos para depresión y para ansiedad, que han mejorado mucho durante la última década, pueden ser buenos aliados, pero bajo nuestro punto de vista es indispensable el trabajo directo con un psicólogo o psiquiatra, que nos permita entender lo que sentimos, lo que percibimos, y cómo ello repercute en nuestra vida. 

    Y ¿qué hacer mientras? Es decir, si tengo un problema, un factor estresante, algo que va a estar durante meses o años haciendo mi vida más difícil. ¿Tengo que parar mi vida sexual? Desde luego que no. 

    Lo primero será entender que tenemos un problema, como todos los seres humanos. En mayor o menor medida, de más o menos importancia, todos tenemos problemas, debacles y eventos inesperados que nos estresan y nos deprimen. 

    La clave está en abstraernos, en entender que ese problema no puede dominar nuestras vidas. Lo trataremos cuando sea el momento, lo analizaremos y lo resolveremos lo mejor que podamos, pero mientras, debemos aislarlo. No significa que vaya a dejar de existir, pero si lo separamos del resto de elementos de nuestra mente no les afectará, o al menos lo hará en menor medida.

    Lo segundo que tenemos que aceptar, es que habrá momentos en que el problema saldrá de la burbuja de fuerza que hemos creado, inundará nuestra mente y volverá a crearnos problemas sexuales. No pasa nada, somos capaces de aislarlo de nuevo, tantas veces como sea necesario.

    El tercero es saber que cuando desaparezca puede que venga otro, mayor o menor, no lo sabemos. Por lo tanto no podemos posponer nuestras vidas personales ni sexuales, esperando para vivir a que todo sea perfecto, nunca lo va a ser. Incluso si lo es, tendremos el miedo de que deje de serlo. 

    Tenemos que asumir que la vida son éxitos y fracasos, dolor y placer. Debemos aprender a aislar lo malo y conseguir ver lo bueno, ese es la verdadera viagra. La mente es capaz de potenciar o minimizar cada sentimiento, cada percepción. Aprendamos a quedarnos con lo maravilloso, a dejar que todo lo positivo que tenemos llene nuestra mente. Olvidemos lo malo, todos tenemos cosas positivas, un recuerdo, un instante. ¿No lo encuentras? Da igual, invéntalo. Coge una escena de un libro, de una película. Miente a tu cerebro, tú modulas lo que él percibe. 

    Llevemos esto a lo práctico. Todos entendemos que una persona debe evitar llevar sus problemas personales a su trabajo, e incluso también se admite no llevar los problemas laborales al hogar. Lo mismo ocurre con el sexo, no podemos llevar nuestros problemas laborales, personales, a la cama. 

    ¿Cómo evitarlo? ¿Cómo dejar los problemas a los pies de la cama? Es tan complejo como sencillo. Lo primero es abrir los ojos, aceptar la realidad: asumir que tengo un problema personal, laboral, amoroso, familiar. Lo asumo, o los asumo, sí. No es nada malo. Una vez asumidos, cada vez que vaya a tener una relación sexual los separo del resto de pensamientos, los envuelvo en cinta aislante, e impido que alteren al resto de neuronas. El día que toque resolverlos, los sacaré durante un rato de su celda, pero durante el sexo, mi trabajo, o una cena, los tendré a todos bien encorsetados. La forma de conseguir esto depende de cada uno, de con qué se sienta más cómodo. Podemos trabajar mind fullness, podemos meditar, podemos trabajar yoga, apnea, salir a correr, lo importante es intentarlo y aprender. No lo conseguiremos a la primera, ni a la segunda, paciencia, constancia y virtud, esas son las claves.

    La forma más sencilla, para poder sacar esa idea negativa, sería utilizando un pensamiento potente, tanto como para ocupar toda tu mente. Cojamos una idea, una en la que seamos protagonistas positivos, héroes en cierto modo. Puede ser un recuerdo, una ilusión creada, algo que te haga sentirte bien, seguro de ti mismo, orgulloso, feliz. No busquemos momentos románticos, ni momentos familiares, sino momentos donde hayamos sentido que dominamos nuestra vida, momentos de esos en que pisamos con fuerza. Toda persona los ha tenido, simplemente algunos no son conscientes. Lucha contra la visión negativa de ti mismo, busca ese momento. Si no lo encuentras, repito: invéntalo. 

    Créate rescatando el castillo encantado de la princesa de un cuento, o salvando a la humanidad, puedes recibir el Nobel o coronarte como emperador, da igual. 

    Ahora eres tú el protagonista. Quédate con esa imagen, no la pierdas. Mantenla, trabájala. ¿La ves? Crea detalles, reales, imaginarios, igual que cuando trabajas el deseo, pero ahora sobre ti, sobre lo que te rodea. Siéntete un poco más fuerte, un poco más sensual, un poco más poderoso. Siéntete seguro de ti mismo. 

    ¿Lo tienes? Ahora busca el deseo, uno excitante, uno que ya conozcas, uno que ya hayas usado. Funde tu deseo sexual con tu imagen positiva. No tengas prisa, deja que tú seas el protagonista en ambos, deja que la imagen avance, vuelve al inicio, como si fuera una película en bucle y deja que se repita, que sea como un fuego artificial que implosiona y  que todo ilumina. El resto ya sabes como funciona. 

    Cuando el sexo comience no pierdas la imagen positiva, no dejes el deseo de lado. No te dejes ir, mantén tu mente ocupada en él y fúndelo con la realidad. Disfruta de tu cuerpo, del de tu pareja, únelos a la imagen de deseo creado, sin juzgar sin juzgarte, déjate ir. 

    Ya hemos conseguido el primer paso, la erección ha comenzado con la mente, va a ser una erección potente. El segundo paso, mantenerla. Conseguir que los pensamientos negativos no salgan de su burbuja, no exploten, no invadan la mente es lo más difícil.

    ¿Cómo conseguirlo? Confianza. Confianza en uno mismo. Ya hemos conseguido la erección, ya hemos encerrado a nuestro miedos. Ellos no se van a quedar quietos, quieren ser protagonistas, llevar la oscuridad a nuestra mente. ¿Cómo luchar? 

    Existen dos escenarios. Si es la primera vez que tenemos este problema, y una vez iniciada la relación sexual una idea negativa nos ocupa la mente, lo primero que debemos hacer es mantener una buena erección consciente , y de ese modo avanzar en la relación sexual con normalidad. Trabajaremos el deseo y la excitación con detenimiento, y maximizaremos las fases de deseo entre puntas de la estrella. En caso de percibir de nuevo las ideas negativas, problemas o estrés, o en caso de que le erección nos descienda de forma importante, primero volveremos al deseo, si no es suficiente deberemos resetear y  empezar de cero. No hay prisa, hay conocimiento. Sin estresarnos, sabiendo que tenemos recursos y el control. Asumiendo que eso puede pasar, y que no es un problema con una buena gestión. Si estamos solos, volveremos a fase de deseo y de potenciación de imagen positiva propia. Si estamos con una pareja, recurriremos a sexo oral ejecutado por nosotros, o a la masturbación de nuestra pareja en una posición en que podamos realizarla correctamente, pero donde no seamos accesibles para que sea mutua. De ese modo eliminamos el foco en nuestro pene. Mientras estimulamos a nuestra pareja, volveremos a la fase de deseo, y con él avanzaremos de nuevo. Aunque parezca mentira, con pareja puede ser más fácil superar este tipo de circunstancia, ya que al estimular o masturbar a la otra persona estamos aumentando nuestro deseo y ocupando nuestra mente, además de que el ser aceptados o deseados por la otra persona, ya es un factor positivo para nosotros. 

    El segundo escenario sería aquel en el que esa pérdida de erección nos ocurre con frecuencia. Los problemas salen de su cápsula y nos inundan la mente de ideas negativas. Lo que suele ocurrir es que durante la penetración, la masturbación o el sexo oral, sin saber por qué y casi sin ser consciente, las ideas negativas, los problemas, o la ansiedad, cubren nuestra mente. Cuando queremos darnos cuenta, ya no estamos pensando en nuestro pene ni en la persona que tenemos delante, o en si sentimos placer, solo estamos rumiando una idea negativa, destructiva, que nos impide mantener la erección. Lo primero que recomendamos en estos casos en buscar ayuda por parte de psicólogos y especialistas, hablar del tema nos va a ayudar mucho más de lo que pensamos.

    Cuando esta situación se produce durante el sexo, no es necesario volver al punto base, ya que puede hacer que la relación sexual acabe siendo un punto de estrés. Cuando seamos conscientes de que eso nos va a ocurrir, o si ya ha ocurrido, tenemos que implosionar nuestra mente, invadirla de deseo, de recuerdos, de acción. Si en otros escenarios hablamos de lentitud, de volver al punto base, aquí lo haremos diferente. Lo haremos agresivos, como si clavásemos una espada en el corazón de esa idea tan negativa. El motivo de no volver a nuestra idea positiva y tras ella al deseo, es que perdemos demasiado tiempo. Como mecanismo inicial es perfecto, pero puede hacer que con el tiempo aborrezcamos el sexo, por ello buscaremos esta forma, en la que vamos directos al deseo. Aquí sí que podemos aumentar el ritmo, sentirnos poderosos y sobre todo meter una idea potente en nuestra mente. Probaremos esto durante unos minutos, si conseguimos que funcione perfecto, en su defecto es necesario actuar reseteando y volviendo al punto base.

    Normalizar, esa es la palabra clave. No pasa nada. No somos máquinas sexuales. No podemos estar siempre perfectos. Igual que un pintor no siempre está inspirado, o un escritor rompe un capítulo de su novela. Hay patinadores que fallan su gran salto en la final de una olimpiada, y tenistas que topan con la cinta en Roland Garro. Hay jugadores de fútbol que fallan penaltis en finales de Mundiales, y cracks del baloncesto que dan en el aro en la última centésima. Si ellos fallan, por qué nosotros no. Ellos son profesionales, nosotros somos personas disfrutando de una parte del sexo, nada más. Si fallamos, fallamos, si acertamos, acertamos. 

    Todos entendemos que ellos fallen, ¿verdad? Entonces ¿por qué no nos permitimos fallar nosotros? 

    La respuesta es social: el hombre que no cumple, que no demuestra, que no es sexualmente suficiente, ese no sirve, no es hombre ni es nada. Esa idea, metida a base de series, películas y libros en nuestra cabeza, hace que todos nos sintamos mal cuando fracasamos en el sexo, que nos permitamos errar en todo, en todo menos en nuestro pene.

    La mejor forma de luchar contra ese cliché ya la hemos comentado: hablar, naturalizarlo, normalizarlo. 

    Las mujeres son todo un ejemplo. La sociedad las ha perseguido, maltratado y denigrado durante siglos. En las últimas décadas, han demostrado que estaban dispuestas a luchar, a demostrar que estaban ahí, a hablar de sus derechos, a hablar de sus sufrimientos, a discutir sobre sus problemas personales, pero también sobre sus problemas sexuales. Son un ejemplo que debemos seguir. Hace cien años no estaba bien visto que una mujer hablara de sexo, ahora es lo contrario, se elogia a la mujer que tiene la valentía de hablar de su anorgasmia, de su vaginismo, o de sus orgasmos múltiples. En cambio, en pleno siglo veintiuno, un hombre no puede hablar de su impotencia abiertamente, o de si sufre eyaculación precoz. 

    Nadie imagina a un hombre hablando con sus amigos con una cerveza en la mano y diciendo: la verdad es que anoche no conseguí que se me levantara, y la semana pasada tuve un gatillazo que hizo que mi pareja saliera corriendo. La única escena posible en nuestra mente implica ese mismo círculo, pero con el hombre hablando en unos términos del tipo: “estuve una hora con el pene empalmado más fuerte que si fuera de hierro, al final tuve que acabar porque ya le hacía daño a mi pareja”. 

    Es difícil luchar contra una sociedad donde el machismo perjudica desde luego a la mujer, pero también al hombre, que se ve condicionado por un rol masculino del que pocos hombres se atreven a renegar. 

    Hasta ahora hemos hablado de la parte negativa de la mente, de cómo influye negativamente en la erección. Sin embargo, en otro orden de cosas, y lejos de los problemas que la ansiedad, el estrés o el miedo nos generan, podemos emplear el poder de la mente para sacar partido a nuestro día a día sexual. 

    Igual que hablamos de erección consciente podemos hablar de pensamiento consciente. Este último concepto, que puede parecer ambiguo es sin embargo la esencia del sexo a otro nivel. 

    Cuando pensamos en algo, lo hacemos de forma inconsciente. Pongamos un ejemplo, vemos una película que nos genera excitación, nuestro cerebro genera el pensamiento de excitación. ¿Alguna vez nos paramos a pensar: estoy pensando en excitación? Generalmente no, simplemente dejamos que ese pensamiento se instaure y dure lo que marque nuestra bioquímica cerebral, nos sentimos excitados y punto ¿y si eso se pudiera modular? Si pudiéramos influir, y hacer que esa misma imagen fuera más excitante sólo porque decidimos que así sea. 

    Pongamos un ejemplo: piensa en un elefante rosa. Esto se llama pensamiento inducido. Ahora mantén el elefante, pero añade otro pensamiento: estoy pensado en un elefante rosa porque me lo han impuesto. Y aún podemos subir la apuesta, estoy pensando en que pienso en el elefante rosa por una doble imposición. 

    Esto que suena algo irrelevante tiene el poder de modular la intensidad de una idea. ¿Cuándo nos interesa modular una idea? Cuando queremos elegir el momento eyaculatorio, o implosionar nuestra mente ante una bajada de erección, o cuando queremos tener una erección tras orgasmo. 

    Imagina que estás cerca del orgasmo, tu erección consciente te dice que está en nivel máximo y que si no frenas la intensidad es posible que acabes eyaculando en pocos minutos. Pongamos que todavía no deseas acabar. En tu cerebro esta la idea del sexo, tus ojos están viendo tu pene entrar y salir, tus dedos están sujetando la cadera de tu pareja, tu olfato advierte las feromonas. En tu mente las ideas sexuales se fusionan en una idea, excitación y cercanía de orgasmo. 

    Si quieres eyacular, perfecto. Sigue con esas ideas. Ahora bien, si no quieres eyacular, llega la modulación mental. Existen dos formas similares, pero diferentes: la idea sustitutiva y la modulación, nos centraremos en la segunda. Consiste en restar o aportar intensidad a una idea. En este caso nos interesa hacer menos potente la idea de excitación y orgasmo. Lo primero que nos planteamos, es el por qué de esa idea. La dividimos y analizamos por partes. Sentimos de nuevo el tacto de la cadera, lo disfrutamos, pero llenamos nuestra mente solo con esa idea, de forma analítica, el tacto, le restamos poder. Después hacemos lo mismo con lo que vemos. Analizamos el movimiento de nuestro pene, la fricción, sentimos el dolor, el placer, lo contenemos. Lo aislamos y lo soltamos de nuevo. Igual con el olfato, apreciamos más los olores, los analizamos. Al final volvemos a fusionar nuestra percepción, pero durante nuestro análisis de la idea en subideas hemos disminuido el componente sexual, hemos ido a la raíz y le hemos quitado potencia. Seguramente el reflejo de orgasmo haya desaparecido, pero lo importante es que como todas las ideas mantenían la esencia sexual, la erección debería haberse mantenido. 

    Si a pesar de ello seguimos muy cerca del orgasmo emplearíamos la idea sustitutiva; el elefante rosa es un inicio. Le podemos sumar elefante rosa con turbante y con pendientes, y con un tatuaje, cada detalle que analizamos en él nos aleja de la eyaculación.

    Ahora digamos que lo que nos ocurre es que la erección ha bajado, pero lo ha hecho levemente. En ese punto, usaremos mecanismos respiratorios, no es necesario cambio en la estrella, con deseo y control de suelo pélvico es suficiente, la erección aún es correcta, pero queremos  aumentarla y potenciarla. Dividiremos cada estímulo igual que antes pero le daremos mayor protagonismo. Apretaremos las manos con más fuerza, aspiraremos más aire, abriremos más los ojos. No estamos sintiendo más, ni viendo más, ni oliendo más. Estamos modulando la percepción. Al abrir más los ojos estamos diciendo a nuestro cerebro que eso es importante, que se centre en el sentimiento que genera, al apretar la mano le decimos que potencie la recepción del taco, al aspirar con fuerza le decimos que suba el efecto de la percepción olfativa.

    Estas armas, además de útiles son infinitas. Podemos generar sobreideas y subideas, como en un diagrama. 

    Otra forma modulativa es añadir elementos externos. Si deseamos aumentar la erección. Podemos crear la idea de que esa misma relación sexual la tenemos en otro lugar, en uno que nos resulte especialmente excitante, una playa, nuestro despacho, el baño de una discoteca, o el supermercado. Podemos crear la idea de que es otra pareja, incluso podemos crear la idea de que nuestro pene es más grande, o el culo de nuestra pareja más turgente. Esas subideas las podemos crear y eliminar. Todo es práctica.

    En cuanto la idea sustitutiva la empleamos sobre todo cuando hay un problema en el contexto de la relación sexual, generalmente en la parte del deseo. Puede ser un exceso de deseo que veamos que ya nos lleva a un orgasmo que no queremos que ocurra, o puede ser un déficit de excitación que sabemos que va a terminar de golpe con nuestra erección.

    Para ejemplificar el primer caso hablaremos de un cambio de postura a una que nos resulte muy excitante. Sabemos que en esa postura sentimos mucho placer y eso cuesta modularlo. Nuestra pareja ha tomado el control y ha decidido cambiar a esa posición, y queremos dejar fluir su parte más sensual. La respuesta primera sería de nuevo control respiratorio, suelo pélvico, etc. Estos mecanismos son perfectos y los aplicaremos, pero estamos buscando subir a otro nivel incluyendo otro elemento. De hecho, como recomendación genérica siempre debemos implementarlos en orden de dificultad, siendo los modelos mentales los más complejos. Por tanto, estamos en una situación excitante, ya hemos aplicado lo básico y ahora queremos bloquear el orgasmo con la mente. La idea asociativa está bien, pero cuando no es suficiente debemos ir a la sustitutiva. Implica obligarnos a pensar algo concreto. Imprimir una idea concreta en nuestra mente y obligarla a ser protagonista. Como hemos dicho antes, tenemos el elefante rosa, el Taj Majal, el Rio Nilo. Da igual. Algo que sepamos que nos resetea, que nos deja los circuitos neuronales aletargados durante unos minutos. Hay que aportar detalle, no vale solo con la idea, debe desarrollarse y cuanto más mejor.

    Cuando usamos la idea sustitutiva para aumentar la potencia de erección suele ser cuando lo que se ha producido es un déficit de excitación, por ejemplo, sentimos dolor de repente, el pene sale en un movimiento poco ortodoxo y se dobla, pero queremos seguir sin doblegarnos. Lo pactado sería volver al deseo, excitación, respiración, suelo pélvico.  Eso lo damos por hecho, pero si buscamos un nivel más, con la idea sustitutiva podemos educar a nuestra mente. Aunque parezca sencillo, debemos entrenarnos, porque si no tenemos claro cómo incorporarla, podemos acabar tan centrados en cómo implantar la idea sustitutiva, que su efecto se vería abortado. 

    La idea sustitutiva ante un déficit de erección por la presencia de ideas negativas en nuestra mente sería como un deseo llevado a máximo exponente. Generalmente será una idea sexual preculminatoria, es decir, justo preorgasmo. Debemos buscar sentir en nuestra mente una excitación tan alta como la previa al orgasmo. Una idea intensa, directa, y sin mediación. Pueden emplearse escenas eróticas concretas, una foto, o una mirada, pero deben ser lo suficientemente implosivas como para provocar una erección por si solas. En este caso, la descripción debe haber sido previa, que ya la conozcamos. Cuando queremos bloquear el orgasmo podemos improvisar, aquí no. El objetivo es que  esta idea intensa y poderosa elimine el pensamiento negativo, que la idea positiva y sensual que ya conocemos con detalle llene cada centímetro de la mente para, de ese modo, no dejar lugar a las ideas negativas. 

    Todo requiere entrenamiento, paciencia, probarlo en masturbación y finalmente aplicarlo al sexo.

    Hasta ahora hemos tratado la mente de forma aislada. Pero la mente tiene otro poder. El poder de dotar a elementos de un componente mágico, de hacer que algo sin significado, pase a cobrar otra dimensión. 

    Los aceites, los juguetes eróticos. En sí mismo son masturbadores, lubricantes, comida. Tan innecesarios como divertidos, tan necesarios como intrascendentes. ¿Tienen valor? No. Ninguno en sí mismos. El valor se lo da nuestra mente. 

    Los juguetes sexuales pueden resultar un complemento ideal de una relación sexual sana. Son especialmente interesantes como elemento de distracción, evitando que nuestro foco sea el miembro masculino, y restando importancia a la erección.

    Tienen poder por si solos, pero si la mente les da protagonismo, si se lo damos nosotros, es cuando de verdad pueden ser una ayuda. Con ellos quitamos el foco de nuestro pene. Esto es maravilloso en pacientes con complejos.

    Durante la fase de excitación existe una tendencia natural por parte de hombres y mujeres a darle el protagonismo al pene, éste es el actor principal cuando en realidad todavía no le toca entrar en escena. No es su momento. Emplear juguetes eróticos, y dotarles del poder de excitar puede ser una forma muy interesante de quitar el foco del pene. Cuanto menos foco tengamos en nuestro pene, más libre será la erección y mejor será esta.

    Los juguetes sexuales implicados en una relación deben ser simples, sencillos y limpios. Los más complejos como estimuladores de clítoris o huevos vaginales pueden provocar problemas, ya que son coitocentristas, y buscan el objetivo del orgasmo inmediato. Su alto potencial de placer, provoca que se llegue rápido al orgasmo, algo de lo que debemos huir, ya que si durante el sexo en pareja, no trabajamos bien las fases sexuales acabamos con erecciones deficientes.

    Un aspecto esencial en la sociedad moderna es la recompensa. La causa efecto, y la búsqueda del placer que provoca conseguir un objetivo, ganar una competición, alcanzar un resultado. En el sexo no hay objetivo, el sexo en sí es el objetivo. Cuando trabajamos nuestra mente a nivel sexual, debemos eliminar cualquier mecanismo de recompensa en base a objetivos. El sexo en sí mismo es la recompensa. En el camino está el éxito. 

    Pensemos en la situación más clásica que existe al terminar una penetración: el hombre preguntando: ¿has llegado? Y ante una respuesta positiva, la siguiente pregunta es: ¿cuántas veces? 

    Al hacer del sexo una competición nos perjudicamos a todos. Hay dos escenarios, ambos negativos: si nuestra pareja ha llegado al orgasmo, esto genera en nosotros una recompensa, se ha alcanzado el objetivo. Eso genera más presión para la siguiente relación, sumado al probable deseo de querer superarnos e intentar que llegue dos veces. Si nuestra pareja no ha llegado, o solo lo ha hecho una o dos veces, puede mentirnos para satisfacernos, pero habremos creado en él o ella el pensamiento de, quizá debería haber llegado más ves, quizá es porque él no es bueno sexualmente, o quizá es culpa mía porque no consigo entregarme. Ni una idea ni la otra es positiva. 

    Una relación sexual puede ser excepcional sin orgasmo. Tenemos que educar a nuestra mente a huir de la obligación del orgasmo, de ese mecanismos de recompensa tan socializado. Estudio, saco buenas notas. Trabajo más, gano más dinero. Entreno más, mejoro mis marcas. Nuestra búsqueda del éxito y del reconocimiento externo no nos deja disfrutar de nosotros mismos, del día a día, ni a nivel personal, ni mucho menos a nivel sexual.

    Lo mismo ocurre con el orgasmo simultáneo, o con la pareja perfecta. Cada uno tiene su orgasmo y su perfección, el orgasmo simultaneo no existe por su propia idiosincrasia. 

    Lo perfecto es perfectamente imperfecto. Es por ello que es tan importante educar a nuestra mente en un sexo sano, sin más objetivo que el propio sexo. Entender nuestro cuerpo y disfrutarlo es la clave del sexo.

    Un elemento fundamental a la hora de hablar de la mente y el sexo son los complejos. Éstos minan nuestra moral y nos impiden disfrutar. Nos centraremos en los complejos físicos. Pene pequeño, abdomen poco definido o grasa en el pubis. Los complejos existen, claro que existen, pero los creamos nosotros. Todas y cada una de esas imperfecciones son poco importantes para los demás, y sólo parecen vitales para nosotros mismo. Cuanto más los miramos, cuanto más nos fijamos en ellos, cuanto más importancia les damos, más  grandes los hacemos, más nos afectan. 

    Luchar contra un complejo es difícil, pero debemos aprender a modularlos en nuestra mente. Si durante el sexo nuestro complejo se apodera de nuestra mente es casi imposible disfrutar del sexo. Cuando nuestro complejo se hace protagonista, debemos emplear los mecanismos de sustitución y centrarnos en otra parte de nuestro cuerpo, o mejor aún de nuestra pareja. 

    Los complejos son difíciles de tratar. Lo ideal es aprender a relativizarlos, a entenderlos, a reírnos de nosotros mismos por las inseguridades que nos generan. Un ejemplo muy gráfico son los pacientes de rinoplastia. Una cirugía mucho más agresiva que por ejemplo un aumento de pene y mucho más compleja en cuanto a resultado. Millones de personas se someten cada año a ella para aliviar sus complejos, y casi todas explican que parte de su complejo viene dado porque la gente les mira la nariz. Sienten que cuando la gente piensa en su cara, visualiza en primer lugar su nariz enorme. Piensan que cuando la gente les hace una foto sólo se fija en su nariz. Cuando les invitamos a coger el móvil y llamar a un amigo cercano y preguntarle, ¿cómo es mi nariz? La respuesta más habitual es: no lo sé, es normal. La reflexión interesante es que nosotros modulamos lo que los demás piensan. De hecho, cuando muchos de ellos se operan de la nariz poca gente es consciente de que lo que ha mejorado es la nariz. Les ven más guapos, mejor, pero no saben por qué. La razón es que sus conocidos no recuerdan cómo era su nariz porque nunca le dieron importancia. 

    El complejo lo tiene uno mismo, consigo mismo, exteriorizarlo, centrarse en él, es una debilidad que no tiene sentido mostrar.

    Lo mismo ocurre con el pene. Nos obsesionamos tanto, que dejamos que el miedo se apodere de nosotros y llegamos a pensar que los demás nos juzgan, cuando en realidad es algo que sólo nosotros estamos juzgando.

    La mejor forma de trabajar los complejos es con ayuda psicológica. La cirugía no es para quitar complejos, es para mejorar, desde la ilusión, desde una expectativa realista que nos haga superarnos, buscar la mejore versión de nosotros, pero lo cierto es que un bisturí nunca va a eliminar por sí mismo un complejo.

    Hasta el momento sólo hemos hablado de los complejos que nosotros mismos creamos, que tenemos producto de la crítica a nosotros mismos. Sin embargo, existe el complejo producto del efecto de los demás. Es algo más propio de niños que de adultos. En una sociedad moderna y responsable el respeto mutuo debería imperar. Sin embargo, lo cierto es que cada día más, vemos casos donde la crítica feroz de una pareja, de un amigo o de un conocido, provoca un complejo que no existía, o potencia un problema que inicialmente era menor. 

    En este caso nos vamos a centrar en la crítica de las parejas sexuales al hombre. Comentarios como no duras lo suficiente, tu pene es pequeño, no es suficientemente grueso, o no me produce placer, aparecen en la boca de nuestros pacientes con demasiada frecuencia, independientemente de si sus parejas sexuales son hombres o mujeres. Es reseñable que en los últimos años existe un incremento exponencial, de hombres maduros que acuden en busca de ayuda, presas del pánico por el acoso mental al que los someten sus parejas. 

    El complejo propio es difícil del tratar, pero el impuesto desde fuera, lo es mucho más. En ellos el miedo, la ansiedad, el estrés, no hace más que potenciar el complejo, como si lo engordara y lo hiciera real. Si alguien nos dice que nuestra nariz es grande o fea, el comentario nos dolerá más o menos, pero la nariz no cambiará. El problema con el pene, con el sexo, es que sí se ve muy afectado por nuestros sentimientos, y si esos comentarios o aseveraciones que lo critican nos duelen, nuestro pene puede llegar a desaparecer.

    Si a un hombre su pareja le dice que tiene el pene pequeño, automáticamente la tensión emocional que eso produce, va a crear que el pene se vea más pequeño. Si le dice que dura poco en la cama, la ansiedad obrará que eso se produzca y acabará en un gatillazo. Lo mismo si le habla de la potencia de erección, etc.

    En estos casos no tenemos que poner el foco en nuestra mente sexual, ni evitar la idea, ni ejercitar técnicas de mejora de erección. Tenemos que acabar esa relación, tenemos que sacar de nuestra vida a esa persona tóxica, que busca hacernos daños, hacernos pequeños. Algunos hombres nos dicen: es que tiene razón, mi pene es pequeño. Da igual, no es motivo para esas palabras. Puede que su pareja sexual tenga razón, da igual, nadie merece que su pareja le critique gratuitamente. Otra cosa es sentarse y comentar de forma civilizada los problemas que surgen en el sexo, buscando mejorar, buscando soluciones, de una forma sana y natural, esto último nos parece perfecto. 

    Cada pareja es un mundo, y aportar consejos de tal magnitud desde el parapeto de un libro no es algo correcto.  No queremos invitar a nadie a acabar una relación ni mucho menos. Lo que sí es importante es invitaros a reflexionar sobre si tenemos una persona al lado que consciente o inconscientemente nos hace daño. Es esencial darnos cuenta, hacérselo saber, con seguridad y con criterio: no voy a tolerar este tipo de comentarios. Si estas descalificaciones continúan debemos tener claro que es una relación en la que estamos destinados a sufrir, algo que no merece la pena en ningún contexto. 

    En la fase final de la mente, hablaremos de los fármacos que puede ayudar a mejorar estados de ansiedad, estrés, depresión. 

    Grosso modo, los separamos en antidepresivos, y ansiolíticos. Lo primero que debemos tener en cuenta, es que son fármacos potentes, que pueden afectar hacia mejor o hacia peor a nuestro pene y al sexo. Su empleo debe supervisarse por un especialista, con analíticas frecuentes, y una adecuación constante de la dosis. Igual que la viagra, tomarlos de forma esporádica y sin supervisión, puede provocar alteraciones en el largo plazo, por lo que usarlos como adyuvante sexual, o como parte de un juego, puede ser ciertamente peligroso. Es cierto que su uso puede ser muy interesante en determinados pacientes, pero siempre con un empleo dirigido por un especialista que busque la dosis óptima en nuestro caso.

    Dominar nuestra mente nos permitirá dominar el sexo, dominar nuestro pene y, sobre todo, disfrutar de forma libre. Es la parte más difícil, la parte más compleja, pero la más gratificante. Entender tu mente no sólo te ayudará en el sexo, sino en todos y cada uno de los aspectos de tu vida. 





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